jueves, 22 de febrero de 2018

Rendida a Sus pies- 16 -

Entre un Lingham y otro, Swami materializó un anillo para mi.
Era de plata, con Su imagen en un camafeo de cerámica y Él lo puso en el dedo anular de mi mano derecha.
No había pasado mucho tiempo desde que lo usaba, cuando me di cuenta que empezaba a rayarse... Una línea por acá... Otra por allá y lentamente, se iba viendo más la cerámica blanca, que la cara de Swami.
¡Por Dios! Era algo que me preocupaba muchísimo.
No crean que no hacía auto indagación... ¡Constantemente!
Estaba afligida, y me cuestionaba a mi misma:
- ¿Que estoy haciendo mal?
En un par de años, quedó totalmente en blanco, y ya me estaba resignando a que fuera así.
Trabajaba con mucho compromiso dentro de la Organización Sai y durante una entrevista le pedí a Swami una de Sus túnicas naranjas, para el Centro Sai de Bariloche y me la dio. ¡Muy feliz!
La llevé con mucho amor y allí la dejé.
En otra oportunidad, otra entrevista feliz, le pedí una para El Bolsón y también me la dio... Hasta allá fui para entregarla y allá quedó. ¡Siempre muy feliz!
Por último, le pedí una para el templito de Valle Escondido, de Bariloche y... ¿Saben qué? ¡Me regaló otra más para ellos...! Fueron circunstancias tan felices y tan poco comunes, y siempre me regocijaba entregarlas, compartiendo la alegría de los destinatarios.
Pasaron un par de años y viajamos para Gurú Poornima (la Festividad del Maestro Espiritual). Creo que el primer Congreso de la Juventud se celebró ese año y participábamos con Fernanda, activamente. Si mal no recuerdo, fue para esa ocasión que fabricamos, con mucho amor y buena voluntad, entre varios devotos de mi pueblo amado, enormes (¡ENORMES!) ramos de flores de papel crepé y otras flores confeccionadas en tela, también muy grandes, para adornar tanto el Sai Kulwant Hall, como todo el contorno del arco  de Ganesha, delante de la cual se sentaría El Señor.
Nuestro esfuerzo dio frutos. Llegamos a India con toda la delegación, cargados con esas enormes cajas conteniendo los adornos y, pasar por los scaners del Aeropuerto Internacional de Bombay, solo fue posible gracias a Swami... Es decir, mencionábamos que eran para llevarselas a Él, y se allanaba el camino.
Nos encargaron a Alicia A. y a mi, que hiciéramos los carteles identificatorios de cada país para el desfile de inauguración y eran... ¡Muchísimos! Ella no viajaba pero trabajó incansablemente y pude lleguar con casi todo listo y un par de decenas de carteles en blanco, varillas pintadas en el Centro Sai de San Telmo y letras autoadhesivas en cantidad y me pasé, armando (a las disparadas), los que aún no estaban hechos de países agregados a último momento. Por suerte, nunca me “ahogué en un vaso de agua” pues, las letras, se acabaron y tuve que improvisar. ¿Siempre a las corridas, verdad?
De ahí, derecho (corriendo) al Hall a instalar el arco y los adornos florales. Teníamos hasta la medianoche y(¿cuando no?) corríamos contra el reloj. ¡Con un poco de ayuda, lo logramos, lo logramos!
No estaba demasiado segura sobre la firmeza con que había quedado amarrado el arco de la veranda, (no nos alcanzó el tiempo del que disponíamos). Esto me ponía muy nerviosa pues era lo que enmarcaba el sillón donde, Swami se sentaría, pero rogaba y confiaba en Él para que nada malo pasara y así fue.
Al día siguiente, en vez de relajarme y disfrutar de la colorida recepción, del desfile multitudinario, tan pletórico de energía joven, me la pasé viendo, obsesivamente, la oscilación del adorno sobre la cabeza de Swami porque, una loca paloma intentaba anidar entre las hermosas flores del arco que habíamos confeccionado, tan dedicadamente, siguiendo la creatividad de Fernanda B., y con la generosa e invalorable colaboración de muchos barilochenses. Tengo miedo de olvidar a alguno, por eso no los nombro pero, fue un trabajo  impecable, maravilloso y les estaré agradecida por siempre, de verdad... Tengo fotos. ¿Las quieren ver?
Eventualmente esos festejos terminaron y nos mudamos, todos, en caravana detrás de Swami, al Ashram de Whitefield. Quizás nos quedamos allí unos 30 días, no lo recuerdo bien, pero si sé que para la festividad de Krishna, ya habíamos regresado a Prasanthi Nilayam.

Dice Wikipedia:
Según el hinduismo, Krishna es uno de los numerosos avatares (‘encarnaciones’) del dios Vishnú. En cambio según el vaishnavísmo, Krishna es la forma principal de Dios, de quien emanan Visnú y los demás dioses (como Shiva y Brahma).
El mismo Krishna declara: «Siempre que la rectitud decae y aumenta la injusticia, yo me manifiesto; y para la protección de los virtuosos, la destrucción de los viciosos y el restablecimiento de la rectitud, yo encarno de era en era» (Bhagavad-gītā, capítulo IV, versos 7-8).
Es uno de los más importantes personajes históricos adorados de la India.

Janmashtami también conocido como Krishna Krishnashtami, Saatam Aatham, Gokulashtami, Ashtami Rohini, Srikrishna Jayanti o Sree Jayanthi es una festividad del hinduismo que celebra el nacimiento de Krishna, un avatar de la deidad Vishnu.​ La festividad siempre se realiza entre mediados del mes de agosto y mediados del mes de septiembre del calendario gregoriano.

Como culminación de los festejos Swami dio un discurso donde entre muchas otras cosas dijo:

- Lo único que se le debe pedir a Dios es: Paz, en el corazón, bienaventuranza en el corazón y felicidad en el corazón.

Ese concepto había quedado dándome vueltas en la cabeza. Lo pensaba y lo repetía con frecuencia.
Con Fernanda vivíamos fuera del Ashram porque se habían vencido los dos meses que se autorizaban para vivir adentro. Nos habíamos mudado sobre Chitravatti RD. a una especie de PH y nuestros vecinos y propietarios, eran una pareja de ancianos, parientes de Swami.
Solo hablaban telegu y el había sido maestro. Fer empezó a estudiar este dialecto con el y lo llamaba mi guru, y a él le encantaba.
Nos gustaba vivir allí, la energía era hermosa. Era un buen lugar y alguna que otra vez incorporamos otra huesped, como Vero, de San Martín de los Andes.
Teníamos una pequeña veranda y algunas veces organizábamos sesiones de cantos devocionales en español, para no perder la costumbre.
Era todo muy sano y dedicado a Dios.
Una mañana, desperté súbitamente con una idea muy clara en la cabeza.
- ¡Ya se porqué la superficie del anillo ha quedado en blanco - me dije - es porque estoy muy apegada a la forma de Swami, y necesito aprender a reconocer a Dios con todos Sus Nombres y todas Sus Formas...!
¡Si...! En mi corazón, profundamente SABÍA que esa era la respuesta.
Estaba tan convencida de mi acerto que una nochecita, esperando mi turno, en un locutorio para llamar a Argentina, veo que el señor que estaba pagando (un señor de veranda, muy digno, sin dudas) tenía un anillo más grande que el mío, de oro y la superficie de la cerámica blanca, blanca, blanca.
Les voy a ser muy sinceros, no se de donde me salió el coraje de interpelarlo y creo que jamás lo hubiera hecho si no hubiera estado tan segura, la cuestión es que le digo (¡En inglés!) ¡Oh, la superficie de su anillo se ha quedado en blanco, como la mía! ¿Sabe usted porqué?
Este buen señor, sin mirarme, murmuró algo así:
- Tiene muchos años... Es muy viejo...
Y yo, desde el “pináculo de mi repentina iluminación”, contesté:
¡Ah, no, no, no es por eso...! Es para que aprendamos a reconocer a Dios con todos Sus Nombres y todas Sus Formas...
Y quedé allí, tan satisfecha.
Por una fracción de segundo el me miró y volvió a murmurar:
- Puede ser, puede ser...
Terminó de pagar y se fue.
Hoy, estoy (casi) segura que ese señor era: Narasimha Murthy.
Alguna vez, si puedo, se lo preguntaré...
No había pasado mucho tiempo cuando un día, Swami llama a nuestro grupo a entrevista.
Ya en la sala de entrevistas, nos arremolinábamos a Su alrededor y materializó un anillo con un diamante transparente para un muchacho de Buenos Aires al que miraba muy amorosamente y le decía:

- Good boy. (Buen muchacho)

Mirando mi mano, me pide que le pase mi vapuleado anillo de plata. Cuando me lo saqué, me di cuenta de cuan estropeado estaba... Aplastado, el camafeo borrado, cuando Él lo recibió lo miró como con incredulidad y me dice:
- ¿Que hiciste con esto?
- ¡Trabajar muy duro! Le respondí convencida.
- ¿Que es lo que quieres? Vuelve a interrogarme.
Inmediatamente recordé Su discurso de día de Krishna Janmashtami y empecé a repetir Sus palabras:
- Paz en el corazón...
- ¡Oh! ¿Paz en el corazón...? Me interrumpió - ¡El verde es Paz! Y soplando aquel viejito anillo de plata, lo movió por una fracción de segundos entre Sus dedos, de repente, era un centelleante anillo de oro con un diamante verde en el, que aún me encandila, a diario.
Lo puso primero en el dedo central de la mano derecha, pero rápidamente lo cambió al anular y allí lo dejó.
Casi no lo puedo creer pero... ¡Han pasado 20 años de ese trascendental momento de mi vida!
Para no perderlo, con los años lo volví a poner en el dedo del medio pues, temía que se me cayera ya que, al perder peso, empezó a quedarme grande.
Los efectos sutiles del accionar de Dios nunca son bruscos ni evidentes, nunca podré describir con justeza, apropiadamente, todos los cambios por los que fui pasando a lo largo de tantos años, solo se una cosa con certeza:
¡Soy feliz! Y eso es suficiente para mi.
















miércoles, 21 de febrero de 2018

- Rendida a sus pies - 15 -

La primera materialización que recibí de Swami fue un Lingam.

El lingam (forma elipsoidal) es el símbolo de la suprema sabiduría, es el símbolo de Ishwara, el cual es otro nombre de Shiva. Ishwara es simbolizado también en la forma del lingam...”

‘’...El lingam es un símbolo de “Lo sin Comienzo y de Lo Sin Fin”, o sea, del Infinito.  Es como algo amorfo o Nirakara.  “Li” viene de Liyathe que significa “Aquello en lo cual todos los nombres y todas las formas se funden”, y “Gam” de Gamayathe, que quiere decir “Aquello hacia lo cual todas las formas se dirigen”.  Es el símbolo más apropiado para representar al Señor omnipotente, omnisciente y omnipresente.  Todo comienza a partir de El y todo termina en El...” (Recopilado en el blog: Sol Monasterio).

Cuando Baba lo materializó, un respeto reverencial me impedía recibirlo con las manos, no me atrevía a tocarlo con los dedos, buscaba algo en que ponerlo y Él se dio cuenta, vació un sobre de los muchos recibidos durante el Darshan y lo guardó bien antes de entregármelo.
Salí de la entrevista tomada por el asombro y la incredulidad. No estaba segura de lo que debía hacer con él y durante unos días lo guardé en una bolsita que llevaba colgada del cuello.
Devotos de Latinoamérica venían a solicitar que compartiera el agua de la puja, pero no estaba segura si eso era correcto, o no. Durante unos días lo compartí con libertad, hasta que alguien me dijo (se suponía que era alguien que sabía sobre el tema), que si Swami me lo había dado envuelto, el uso era privado, solo para mi, y esto me descolocaba mucho porque, a medida que se corría la voz, cada vez venían más personas a pedirme que les diera agua. Resolví que lo apropiado era consultarle a Él, directamente. Me senté y Le escribí unas líneas que decían algo parecido a esto:
Swami, amado Maestro, te pido permiso para compartir el agua del Lingam. Si aceptás mi pedido, por favor llevate esta carta.”
Fueron pasando las semanas y la llevaba siempre conmigo. Se la ofrecía en cada oportunidad que tenía y... ¡Nada! La ignoraba.
Si alguien se iba o, desde las filas de atrás me pedían que entregara cartas, las dividía en dos partes. Por un lado, mi solicitud y por el otro las del grupo. Swami pasaba, sonreía, tomaba las ajenas, dejaba la mía y seguía. Resolví que haría como los estudiantes. Ellos perseveraban, yo también. Se la ofrecí muchas veces, tanto que ya se veía arrugada y vieja pero... No tenía intención de darme por vencida.
En el ínterin, siguiendo los consejos de personas más versadas que yo en el tema (entre ellas, mi dulce y generosa hermana en Sai Chandrika), fui buscando los elementos que consideraba apropiados para armar un altar. Ignoraba todo al respecto ya que jamás había tenido uno.
Empecé a buscar aspectos de Dios con los que me sintiera identificada. Primero, un Sathya Sai... No había nada que representara cabalmente mi imagen de Él hasta que encontré un grabado en relieve. ¡Ese sí, ese podía ser! Luego rescaté, rebuscando en todos los locales y chiringuitos del pueblo, en los alrededores del Ashram, un pequeño Shirdi Sai. Después una hermosa Señora Lakshmi. Buscaba una imagen de Jesús que me gustara, ya no sabía donde más hurgar cuando, alguien, me regaló una pequeña cruz. Créanme, eso era mejor que otras figuritas (muy feas y toscas) que había ido encontrando en mi búsqueda. Lo último que agregué fue una pequeña representación de Krishna Nataraja que conseguí durante una escapada a Bangalore y una figurita luminiscente de la Virgen María que me regaló Nadia, una mujercita griega, gravemente enferma, con la que compartimos habitación en varias oportunidades.
Compré una bandeja de acero. ¿La verdad? No muy grande. Acomodé todas mis imágenes en ella y agregué: Medallas, Malas, pañuelos, algunos paquetes de Vibuthi, fotos de Swami y calendarios, pequeños bowls con arroz amarillo, clavos de olor, castañas de cajú, almendras y el Lingham que me había entregado anteriormente. Cuando consideré que todo estaba como lo esperaba, correcto y prolijo, una tarde me fui al Darshan abrazada a ella.
Lo juro... ¡Esa bandeja parecía un almacén de ramos generales!
Fernanda estaba conmigo y, como yo aún creía (¡Bah...! ¡Estaba segura!) que no hablaba bien inglés, le rogaba que la presentara por mí, mientras le daba instrucciones:
- Por favor, si Swami pasa cerca, te incorporás un poco y Se la ofrecés, aclarando: Es la Puja de mi madre.
Sabía por experiencia y con certeza, que yo no iba a poder levantarme rápidamente, por mi tamaño y falta de agilidad.
Cuando empezó el Darshan. Estábamos sentadas en la segunda línea y al ver que Swami se acercaba le pasé a Fer la bandeja, a toda velocidad. Ella empezó, obedientemente, a cumplir con mi pedido, pero Él no la dejó hablar mucho, Le preguntó cuántos éramos e, inmediatamente, le dijo:
- ¡Go!
¡Esa era la palabra más corta y más feliz del mundo!
Salimos disparadas hacia la Veranda, mientras hacíamos señas con el pañuelo para avisar a nuestro grupo. En circunstancias como esa, creo que podía llegar a ganarle una carrera al viento y mientras lo hacía, todas las cosas en mi bandeja tintineaban como campanas.
Swami nos invitó a pasar e, inmediatamente que nos ubicamos, dejó sobre una mesita, al costado del sillón, las cartas que había ido recibiendo, se sentó en Su sillón y me dice.
- ¿Déjame ver?
Tomó la bandeja, la puso sobre Su regazo, levantó a la pequeña Lakshmi entre Sus dedos, mientras le cantaba una canción (¿Un Mantra?). Cuando terminó, la acomodó otra vez sobre la bandeja, me devolvió todo y dijo, sonriente:
- I’ts OK. (Está bien)
Aún hoy en día no entiendo porqué no le pregunté qué era lo que le había cantado a la Señora. Ella representa uno de los aspectos femeninos de la Divinidad y es la que favorece la fortuna espiritual, emocional y física. No es para justificarme pero... En términos generales, durante las entrevistas, me pasaba que mi mente quedaba en blanco. Como “reseteada”, para usar un término muy actual.
Lo contemplaba embelesada, cuando veo que Se inclina un poco para mirarme mejor y, señalando mi mano dice, casi cansado:
- ¡Dámela!
Esto me desconcertó, de repente me di cuenta que se refería al famoso pedido, me estaba pidiendo la carta que había llevado y traído por tanto tiempo y que yo, sin darme cuenta, seguía aferrando en mi mano. ¡Oh! ¿Me daba permiso, entonces?
Ese día, también formaba parte del grupo una señora acompañada por un muchacho joven, su hijo. Habían llegado una semana antes y ya habían tenido una entrevista. A ella, Baba le había materializado un pequeño Lingham negro. La mujer, muy emocionada, había comprado una elegante petaca de plata para guardarlo y la llevaba colgando del cuello.
Swami la miró intrigado y le pregunta:
- ¿Qué es eso?
Ella, feliz, mostró que era donde guardaba Su regalo.
- ¿Y cuánto te costó?
Ella respondió con un importe y Baba, sacudiendo la cabeza de un lado a otro, le dice:
- Dinero malgastado... Él le sugirió un precio adecuado, asegurándole:
- ¡No más que eso!
Desde un primer momento ella había dicho que no le gustaba el color negro de su Lingham, por lo que aprovechó la circunstancia, y le pidió que se lo cambiara.
Siempre pensé que había necesitado mucho coraje para hacer ese pedido.
Baba lo tomó en Su mano, mientras ella murmuraba un poco asustada:
- No me lo vas a quitar... ¿Verdad?
Swami comenzó a amasarlo entre Sus dedos, lo sopló y... (Con total honestidad, debo aclarar que no todos vimos lo mismo, y solo puedo hablar por mí). Yo vi, como si una ola fuera subiendo ondulante por el viejo Lingham hasta cambiarlo de color, completamente. Luego de mostrárselo a todos, señalando un punto con Su dedo le indicó a ella:
- Ves ese de ahí, es Ishwara. (se veía como un ojo, en las vetas de la piedra marmórea)
¡Guau...! Desde ese momento fue una entrevista muy intensa.
Swami y dos personas más mantuvieron un apasionado intercambio (en inglés) sobre la Maya y la Realidad. Swami les aseguraba qué:
- ¡Todo es Maya! ¡Todo es Maya!
El ambiente se cargó con una energía intensísima, casi eléctrica y en ese momento, con mucha, mucha fuerza, empezó a hacer girar Su mano como si fuera un látigo, rápidamente nos mostró un nuevo Lingham negro. Lo puso sobre el pote de arroz amarillo de mi bandeja.
- ¿Será para que lo puedan ver bien (pensé), por el contraste de color? Me indicó que lo mostrara y eso hice... Seguía con los dos Linghams en mi bandeja, cuando de repente, empezó a repartir sobrecitos con Vibuthi, y todos sabíamos que era el preámbulo de la despedida, Se dirigió a la puerta y nos invitó a salir.
Iba tan emocionada... Me llevaba mi nuevo regalo... ¡Y esta vez, si era para compartir!
Y así lo he venido haciendo, por años.

Significado de: 
Puja o adoración hindú a los Dioses:
El ritual hindú más conocido de adoración a los Dioses se conoce como puja (se pronuncia “puya”) , y se realiza tanto en la intimidad del hogar como en celebraciones masivas que congregan a millones de personas.
Todo el mundo puede hacer una puja. Se trata de dedicar un momento de recogimiento y agradecimiento a los Dioses, en el que se colocan ofrendas ante el altar. (Wikipedia)
Maya: 
En varias religiones hindúes aparecen diferentes significados para Maya (se pronuncia: Maia). Aun así el significado parece centrarse en el concepto de “Ilusión”. Maya es la deidad principal que manifiesta, perpetúa y gobierna la “ilusión” y el sueño de la dualidad en el universo de los fenómenos. Para algunos místicos esta manifestación es real. Cada persona u objeto físico, desde la perspectiva de la eternidad, es como una breve y perturbada gota de agua en un océano sin límites. La meta de la autorrealización espiritual es entender esto, sentir intuitivamente la diferencia entre el yo y el universo como una falsa dicotomía; puesto que la idea de que la conciencia y la materia física, o la mente y el cuerpo son cosas diferentes, es el resultado de una no – iluminada perspectiva. (Wikipedia)








domingo, 18 de febrero de 2018

Rendida a Sus pies - 14 -

Ya les conté que desde niña padecía de brotes de eccemas varios. Los aros no solo no ayudaron con esto, mantuve por meses los lóbulos machucados, morados e inflamados.
Insistía en no sacármelos, pero... Se me iba haciendo cada vez más difícil soportarlos.
Se había corrido la voz de que Swami me había dado una dieta para que adelgazara y, en general, se esforzaban para ayudar.
Un ejemplo: En la cantina preparaban la ensalada de frutas y, antes de agregar las bananas, servían una porción para mí.
Otro: María, una encantadora muchacha que vivía en España, de regreso a su país, me compró unas almohadillas para poner en los aros y suavizar la presión. Fue tan generosa que se encargó de hacérmelos llegar con el próximo grupo de devotos viajeros. Ese recurso dio buenos resultados y el dolor se calmó bastante.
Aún así, pasaban los meses y yo seguía con mis orejas machucadas.
Llegué a consultar con una Dra. hindú especializada en medicina ayurvédica. Ella sugirió, que al darme un par de aros, probablemente, la intención de Swami era que no olvidara sus palabras... Hoy me doy cuenta que tenía razón.
Venía resistiendo bastante bien las tentaciones, pero los miércoles eran los días más difíciles pues, en la panadería hacían pizza y el aroma a pan y queso lo invadía TODO.
Descubrí que en la Estación de Ómnibus había una balanza de uso público y fui muy oronda a pesarme.
Subí y bajé de ella cuatro o cinco veces antes de darme cuenta que: ¡Solo pesaba hasta 86 kilos!
- Claro (pensé luego), si acá todos son tan delgados... ¿Quién necesitaría más que eso? ¡Pues... Yo!
Resistirme a los cremosos helados que se fabrican en el Ashram, también era todo un desafío.
Pero, venía bien controlada y estaba por cumplir tres meses de rigurosa dieta, hasta un  día, en que mi grupo argentino se dio cita a la tardecita para festejar (quizás) un cumpleaños y habían comprado una gran cantidad de porciones de pizza.
¡Esa fue mi perdición! Me tenté y comí un pedazo (¿o dos?).
Al día siguiente, la “culpa” me tenía mal. Sabía que había trasgredido una indicación puntual de Swami. Creía que no había nada peor y me sentía taaan culpable...
Fui al Darshan con “cola de paja”. Nos tocó primera fila y nuestro grupo ocupaba todo el frente. Súbitamente, la señora sentada a mi derecha me dice:
- Me siento mal... ¡Creo que me voy a desmayar...!
- ¿Qué querés hacer? Le pregunté, con muy pocas ganas de dejar mi puesto... ¡Sinceramente! ¿Para que voy a mentirles?
- ¿Te parece que no vas a resistir? ¿Querés que llame a una seva? La abanicaba y le rogaba a Swami con toda mi alma para que ella mejorara.
Finalmente las sevas se dieron cuenta que algo pasaba y vinieron a ver, le trajeron un poco de agua y, empezó la música que anunciaba Su presencia.
Entre todas, nos pusimos de acuerdo, y nos sacamos los pañuelos que nos distinguían como argentinas y los acomodamos en el piso, haciendo una especie de camino.
La idea era que Swami, “caminara sobre Argentina” aunque fuera solo así, simbólicamente.
Él, graciosamente se acercó a nosotras y fue pisando uno a uno, todos los pañuelos.
Cuando llegó junto a mi vecina yo le rogaba mentalmente:
- Señor has que ella esté bien, por favor. Este ruego resonaba en mi cabeza ya que la señora en cuestión nos había confesado que padecía una grave enfermedad.
Empiezo a decirle a viva voz:
- Swami, por favor...
Me interrumpe, y en ese momento repitió exactamente mis propias palabras cuando le había pedido ayuda para adelgazar:
- Que puedo hacer si vos no me ayudas...?
La mayoría de las veces me llevaba un tiempo terminar de descifrar el intrínseco mensaje que se desprendía de Sus palabras, pero esta vez no.
Me puse colorada...
Comprendí instantáneamente a que se refería.
¡A la pizza con queso de la noche anterior!
Creo que no hace falta confesar, que de vuelta en el “mundanal ruido”, de regreso en Argentina, nunca más pude seguir sus indicaciones con tanto rigor.
¡Si, si, los sé! Muy tonto de mi parte, pero lentamente, cada día se hacía más arduo sortear las tentaciones o, las dificultades cotidianas de una comida en un país donde las cebollas, las zanahorias, el ajo, las papas y sobre todo el queso, reinan.
Lentamente recuperé el peso perdido y le añadí algunos kilos más. Swami no volvió a mencionar el tema, o mejor dicho, solo Lo hizo una vez, años después durante el Darshan. Al pasar a mi lado me dijo:
- Pakora, estás muy gorda, no hay espacio suficiente para vos en la sala de entrevistas.
Yo, con una audacia inesperada contesté:
Swami, mientras en Tu corazón haya lugar suficiente para mí, no necesito nada más.
Se paró, giró, me miró, con tanta intensidad que casi me asusta, después, siguió Su camino.

PD: A medida que los años fueron pasando, logré perder muchos kilos (nunca los suficientes), pero fue debido a enfermedades, malestares y complicaciones en mi salud. Nunca tan feliz y cómodamente como en aquella época bendita.
No recuerdo el día exacto en que Swami empezó a llamarme Pakora, solo sé que esa es Su manera cariñosa de llamarnos a todas las mujeres gorditas.
¿Que significa pakora?
Es una comida del sur de Asia que consiste en pequeños trozos de verduras, carne o pescado, rebosados en masa (una mezcla de harina de garbanzos y líquido) y posteriormente, fritos. Son como bollos redondos.

¡Ustedes saquen sus conclusiones!