sábado, 24 de febrero de 2018

- Rendida a Sus pies - 17 -

Es un enorme privilegio ser testigo de milagros y maravillas.
A lo largo de los años he visto tantas cosas extraordinarias... Sin embargo, creo que la lección más importante de mi vida, fue un episodio en particular.
Había terminado el Darshan y Swami había invitado a entrevista personal a un grupo numeroso de hindúes. Tienen que haber sido muy valiosos, porque realmente eran demasiados, para el pequeño espacio de la salita contigua al templo. Para hacer más azarosa la situación, vi como se dirigieron hacia allí otros dos hombres, ambos en sillas de ruedas.
El corazón me latía muy fuerte...
- Por favor, Señor, que puedan entrar los dos - suplicaba en silencio.
Había visto en un par de oportunidades, que no había permitido el ingreso de alguna persona en silla de ruedas (¡Imagínense dos!), y si bien esa negativa tenía más relación con el Karma personal de los involucrados, que con la silla en sí, personalmente prefería que no dejara a nadie afuera.
¡Si, gracias Señor, entraron todos! Como siempre, me quedé sentada en el Hall, atenta a los movimientos de la veranda. Así estaba cuando pasada una hora, veo que los invitados empiezan a retirarse.
No me había dado cuenta antes, pero una de las sillas de ruedas estaba ocupada por un residente del Ashram, que trabaja en la parte de Administración (alguien me había contado que quedó paralizado después de un accidente de autos, hacía muchos años). Era común verlo a Swami, durante el Darshan, dirigirse hasta el costado donde él solía esperarle y saludarlo con confianza y afecto... Más de una vez, golpeándole un hombro afectuosamente  le ha preguntado:
- ¿Como estás, hijo? Mientras mantenían un breve diálogo.
Esta vez, también lo había llamado a entrevista y, cuando lo vi salir, me di cuenta que llevaba un reloj en su muñeca, que brillaba notablemente y que (suponía yo), Swami acababa de materializar para él.
Cabalmente le demostraba, una y otra vez, que era un “hijo dilecto”.
Bien, lo vimos salir con lo que parecía un reloj nuevo, de oro, y a continuación, lentamente, fueron yéndose todos los integrantes de la numerosa familia. Por último salió el señor mayor, al que habían traído en la otra silla de ruedas.
Alguien la empujaba y estaban a mitad de la veranda cuando Swami los hizo detener. Se acerca al anciano y le golpeo las piernas dos o tres veces cada una, luego le tendió Su mano y le pidió que CAMINARA  (los otros afortunados espectadores del hecho y yo, entendíamos la escena por los gestos, mientras las lágrimas nos caían en torrentes), el viejito vacilaba... ¿Y cómo no? Pensaba yo. Más tarde me contaron que hacía cerca de doce años que había quedado en esa situación,  también, después de un accidente.
Baba insistía enérgicamente y él, tembloroso, se aferró de Su mano, mientras empezaba a pararse.
¡No podía creer lo extraordinario de la situación!
Me pareció que se aferraba a un bastón, pero Swami le indicó a los parientes (que estaban igual de sorprendidos que nosotros), que no. ¡Bastón, no! Finalmente de pie, lo conminaba a caminar. Lo vi dar un par de pasos, recién ahí, Baba le indicó a los familiares que lo acompañaran y sostuvieran, pero él, ese día se fue caminando del Ashram.
Hace muy poco tiempo atrás, encontré de “causalidad” un pequeño video que muestra esta escena. Acá lo pueden ver:

https://youtu.be/VKyBdMmMDqE

Sentada allí, deslumbrada y conmovida, entendí algo trascendental.
El otro hombre en sillas de ruedas, que pertenecía al staff del Ashram, llegó y se fue en su silla de ruedas.
Acabábamos de ver un milagro... Swami hizo caminar a un paralítico y, sin embargo, aún cuando Swami le demostró siempre mucho amor, él todavía estaba sentado allí, en su silla. No se porque, pero fuera lo que fuera que tuvieran que superar en la vida, acompañado por su entorno familiar, para mí fue evidente que a todos ellos, aún les quedaban “asignaturas pendientes”.
Por el contrario, el anciano al que ayudó, al que después de tanto tiempo le permitió volver a caminar pues, no solo él... Toda la familia, todos en conjunto había logrado superar, con éxito, esa etapa.
Ese día, realmente, me di cuenta qué, justamente por AMOR, el Señor nos acompaña y sostiene en el lugar en el que estamos hasta que la lección que se origina y desprende de cualquier hecho, ha sido aprendida... Es solo por Su amor por nosotros por lo que nos lleva a transitar determinados senderos de la vida, mientras nos acercamos a Él.
Con la certeza de Su amor y compañía en cada paso, solo me queda preguntarme sincera y profundamente:

- ¿Qué me falta, Señor?

No fue la única vez que vi a alguien, volver a caminar.
Estábamos en el Ashram de Whitefield. Durante el Darshan de la tarde, Swami se acercó a un señor (creo que de origen australiano) que estaba sentado en el costado, donde se ubica a aquellos con necesidades especiales, como por ejemplo, una silla de ruedas.
Desde donde yo estaba sentada, no alcanzaba a ver bien la escena pero sí, que mantenía una breve conversación con este señor. Pude ver como lo golpea suavemente de un lado y del otro y de repente un “¡Oh...!” de puro asombro surgió desde aquel lugar. Swami lo había hecho parar y caminar unos pasos... Baba siguió andando entre los devotos y en el momento que el Darshan terminó, me fui directo a la Administración, pues era hora de renovar mi alojamiento. Ya no pensaba en el milagro recién presenciado. Empezaba a explicarle al amable señor a cargo, qué era lo que necesitaba, cuando lo veo sobresaltarse, pararse a toda velocidad y correr hasta la puerta. Se quedó allí, estupefacto, por unos segundos... luego, regresó a cumplir sus funciones. Pude entender lo que había sucedido, solo cuando me di cuenta, que la persona que acabábamos de ver pasar caminando ágilmente, era el señor australiano que media hora antes, solo se movía en silla de ruedas. ¡Y el administrador lo sabía!




jueves, 22 de febrero de 2018

Rendida a Sus pies- 16 -

Entre un Lingham y otro, Swami materializó un anillo para mi.
Era de plata, con Su imagen en un camafeo de cerámica y Él lo puso en el dedo anular de mi mano derecha.
No había pasado mucho tiempo desde que lo usaba, cuando me di cuenta que empezaba a rayarse... Una línea por acá... Otra por allá y lentamente, se iba viendo más la cerámica blanca, que la cara de Swami.
¡Por Dios! Era algo que me preocupaba muchísimo.
No crean que no hacía auto indagación... ¡Constantemente!
Estaba afligida, y me cuestionaba a mi misma:
- ¿Que estoy haciendo mal?
En un par de años, quedó totalmente en blanco, y ya me estaba resignando a que fuera así.
Trabajaba con mucho compromiso dentro de la Organización Sai y durante una entrevista le pedí a Swami una de Sus túnicas naranjas, para el Centro Sai de Bariloche y me la dio. ¡Muy feliz!
La llevé con mucho amor y allí la dejé.
En otra oportunidad, otra entrevista feliz, le pedí una para El Bolsón y también me la dio... Hasta allá fui para entregarla y allá quedó. ¡Siempre muy feliz!
Por último, le pedí una para el templito de Valle Escondido, de Bariloche y... ¿Saben qué? ¡Me regaló otra más para ellos...! Fueron circunstancias tan felices y tan poco comunes, y siempre me regocijaba entregarlas, compartiendo la alegría de los destinatarios.
Pasaron un par de años y viajamos para Gurú Poornima (la Festividad del Maestro Espiritual). Creo que el primer Congreso de la Juventud se celebró ese año y participábamos con Fernanda, activamente. Si mal no recuerdo, fue para esa ocasión que fabricamos, con mucho amor y buena voluntad, entre varios devotos de mi pueblo amado, enormes (¡ENORMES!) ramos de flores de papel crepé y otras flores confeccionadas en tela, también muy grandes, para adornar tanto el Sai Kulwant Hall, como todo el contorno del arco  de Ganesha, delante de la cual se sentaría El Señor.
Nuestro esfuerzo dio frutos. Llegamos a India con toda la delegación, cargados con esas enormes cajas conteniendo los adornos y, pasar por los scaners del Aeropuerto Internacional de Bombay, solo fue posible gracias a Swami... Es decir, mencionábamos que eran para llevarselas a Él, y se allanaba el camino.
Nos encargaron a Alicia A. y a mi, que hiciéramos los carteles identificatorios de cada país para el desfile de inauguración y eran... ¡Muchísimos! Ella no viajaba pero trabajó incansablemente y pude lleguar con casi todo listo y un par de decenas de carteles en blanco, varillas pintadas en el Centro Sai de San Telmo y letras autoadhesivas en cantidad y me pasé, armando (a las disparadas), los que aún no estaban hechos de países agregados a último momento. Por suerte, nunca me “ahogué en un vaso de agua” pues, las letras, se acabaron y tuve que improvisar. ¿Siempre a las corridas, verdad?
De ahí, derecho (corriendo) al Hall a instalar el arco y los adornos florales. Teníamos hasta la medianoche y(¿cuando no?) corríamos contra el reloj. ¡Con un poco de ayuda, lo logramos, lo logramos!
No estaba demasiado segura sobre la firmeza con que había quedado amarrado el arco de la veranda, (no nos alcanzó el tiempo del que disponíamos). Esto me ponía muy nerviosa pues era lo que enmarcaba el sillón donde, Swami se sentaría, pero rogaba y confiaba en Él para que nada malo pasara y así fue.
Al día siguiente, en vez de relajarme y disfrutar de la colorida recepción, del desfile multitudinario, tan pletórico de energía joven, me la pasé viendo, obsesivamente, la oscilación del adorno sobre la cabeza de Swami porque, una loca paloma intentaba anidar entre las hermosas flores del arco que habíamos confeccionado, tan dedicadamente, siguiendo la creatividad de Fernanda B., y con la generosa e invalorable colaboración de muchos barilochenses. Tengo miedo de olvidar a alguno, por eso no los nombro pero, fue un trabajo  impecable, maravilloso y les estaré agradecida por siempre, de verdad... Tengo fotos. ¿Las quieren ver?
Eventualmente esos festejos terminaron y nos mudamos, todos, en caravana detrás de Swami, al Ashram de Whitefield. Quizás nos quedamos allí unos 30 días, no lo recuerdo bien, pero si sé que para la festividad de Krishna, ya habíamos regresado a Prasanthi Nilayam.

Dice Wikipedia:
Según el hinduismo, Krishna es uno de los numerosos avatares (‘encarnaciones’) del dios Vishnú. En cambio según el vaishnavísmo, Krishna es la forma principal de Dios, de quien emanan Visnú y los demás dioses (como Shiva y Brahma).
El mismo Krishna declara: «Siempre que la rectitud decae y aumenta la injusticia, yo me manifiesto; y para la protección de los virtuosos, la destrucción de los viciosos y el restablecimiento de la rectitud, yo encarno de era en era» (Bhagavad-gītā, capítulo IV, versos 7-8).
Es uno de los más importantes personajes históricos adorados de la India.

Janmashtami también conocido como Krishna Krishnashtami, Saatam Aatham, Gokulashtami, Ashtami Rohini, Srikrishna Jayanti o Sree Jayanthi es una festividad del hinduismo que celebra el nacimiento de Krishna, un avatar de la deidad Vishnu.​ La festividad siempre se realiza entre mediados del mes de agosto y mediados del mes de septiembre del calendario gregoriano.

Como culminación de los festejos Swami dio un discurso donde entre muchas otras cosas dijo:

- Lo único que se le debe pedir a Dios es: Paz, en el corazón, bienaventuranza en el corazón y felicidad en el corazón.

Ese concepto había quedado dándome vueltas en la cabeza. Lo pensaba y lo repetía con frecuencia.
Con Fernanda vivíamos fuera del Ashram porque se habían vencido los dos meses que se autorizaban para vivir adentro. Nos habíamos mudado sobre Chitravatti RD. a una especie de PH y nuestros vecinos y propietarios, eran una pareja de ancianos, parientes de Swami.
Solo hablaban telegu y el había sido maestro. Fer empezó a estudiar este dialecto con el y lo llamaba mi guru, y a él le encantaba.
Nos gustaba vivir allí, la energía era hermosa. Era un buen lugar y alguna que otra vez incorporamos otra huesped, como Vero, de San Martín de los Andes.
Teníamos una pequeña veranda y algunas veces organizábamos sesiones de cantos devocionales en español, para no perder la costumbre.
Era todo muy sano y dedicado a Dios.
Una mañana, desperté súbitamente con una idea muy clara en la cabeza.
- ¡Ya se porqué la superficie del anillo ha quedado en blanco - me dije - es porque estoy muy apegada a la forma de Swami, y necesito aprender a reconocer a Dios con todos Sus Nombres y todas Sus Formas...!
¡Si...! En mi corazón, profundamente SABÍA que esa era la respuesta.
Estaba tan convencida de mi acerto que una nochecita, esperando mi turno, en un locutorio para llamar a Argentina, veo que el señor que estaba pagando (un señor de veranda, muy digno, sin dudas) tenía un anillo más grande que el mío, de oro y la superficie de la cerámica blanca, blanca, blanca.
Les voy a ser muy sinceros, no se de donde me salió el coraje de interpelarlo y creo que jamás lo hubiera hecho si no hubiera estado tan segura, la cuestión es que le digo (¡En inglés!) ¡Oh, la superficie de su anillo se ha quedado en blanco, como la mía! ¿Sabe usted porqué?
Este buen señor, sin mirarme, murmuró algo así:
- Tiene muchos años... Es muy viejo...
Y yo, desde el “pináculo de mi repentina iluminación”, contesté:
¡Ah, no, no, no es por eso...! Es para que aprendamos a reconocer a Dios con todos Sus Nombres y todas Sus Formas...
Y quedé allí, tan satisfecha.
Por una fracción de segundo el me miró y volvió a murmurar:
- Puede ser, puede ser...
Terminó de pagar y se fue.
Hoy, estoy (casi) segura que ese señor era: Narasimha Murthy.
Alguna vez, si puedo, se lo preguntaré...
No había pasado mucho tiempo cuando un día, Swami llama a nuestro grupo a entrevista.
Ya en la sala de entrevistas, nos arremolinábamos a Su alrededor y materializó un anillo con un diamante transparente para un muchacho de Buenos Aires al que miraba muy amorosamente y le decía:

- Good boy. (Buen muchacho)

Mirando mi mano, me pide que le pase mi vapuleado anillo de plata. Cuando me lo saqué, me di cuenta de cuan estropeado estaba... Aplastado, el camafeo borrado, cuando Él lo recibió lo miró como con incredulidad y me dice:
- ¿Que hiciste con esto?
- ¡Trabajar muy duro! Le respondí convencida.
- ¿Que es lo que quieres? Vuelve a interrogarme.
Inmediatamente recordé Su discurso de día de Krishna Janmashtami y empecé a repetir Sus palabras:
- Paz en el corazón...
- ¡Oh! ¿Paz en el corazón...? Me interrumpió - ¡El verde es Paz! Y soplando aquel viejito anillo de plata, lo movió por una fracción de segundos entre Sus dedos, de repente, era un centelleante anillo de oro con un diamante verde en el, que aún me encandila, a diario.
Lo puso primero en el dedo central de la mano derecha, pero rápidamente lo cambió al anular y allí lo dejó.
Casi no lo puedo creer pero... ¡Han pasado 20 años de ese trascendental momento de mi vida!
Para no perderlo, con los años lo volví a poner en el dedo del medio pues, temía que se me cayera ya que, al perder peso, empezó a quedarme grande.
Los efectos sutiles del accionar de Dios nunca son bruscos ni evidentes, nunca podré describir con justeza, apropiadamente, todos los cambios por los que fui pasando a lo largo de tantos años, solo se una cosa con certeza:
¡Soy feliz! Y eso es suficiente para mi.
















miércoles, 21 de febrero de 2018

- Rendida a sus pies - 15 -

La primera materialización que recibí de Swami fue un Lingam.

El lingam (forma elipsoidal) es el símbolo de la suprema sabiduría, es el símbolo de Ishwara, el cual es otro nombre de Shiva. Ishwara es simbolizado también en la forma del lingam...”

‘’...El lingam es un símbolo de “Lo sin Comienzo y de Lo Sin Fin”, o sea, del Infinito.  Es como algo amorfo o Nirakara.  “Li” viene de Liyathe que significa “Aquello en lo cual todos los nombres y todas las formas se funden”, y “Gam” de Gamayathe, que quiere decir “Aquello hacia lo cual todas las formas se dirigen”.  Es el símbolo más apropiado para representar al Señor omnipotente, omnisciente y omnipresente.  Todo comienza a partir de El y todo termina en El...” (Recopilado en el blog: Sol Monasterio).

Cuando Baba lo materializó, un respeto reverencial me impedía recibirlo con las manos, no me atrevía a tocarlo con los dedos, buscaba algo en que ponerlo y Él se dio cuenta, vació un sobre de los muchos recibidos durante el Darshan y lo guardó bien antes de entregármelo.
Salí de la entrevista tomada por el asombro y la incredulidad. No estaba segura de lo que debía hacer con él y durante unos días lo guardé en una bolsita que llevaba colgada del cuello.
Devotos de Latinoamérica venían a solicitar que compartiera el agua de la puja, pero no estaba segura si eso era correcto, o no. Durante unos días lo compartí con libertad, hasta que alguien me dijo (se suponía que era alguien que sabía sobre el tema), que si Swami me lo había dado envuelto, el uso era privado, solo para mi, y esto me descolocaba mucho porque, a medida que se corría la voz, cada vez venían más personas a pedirme que les diera agua. Resolví que lo apropiado era consultarle a Él, directamente. Me senté y Le escribí unas líneas que decían algo parecido a esto:
Swami, amado Maestro, te pido permiso para compartir el agua del Lingam. Si aceptás mi pedido, por favor llevate esta carta.”
Fueron pasando las semanas y la llevaba siempre conmigo. Se la ofrecía en cada oportunidad que tenía y... ¡Nada! La ignoraba.
Si alguien se iba o, desde las filas de atrás me pedían que entregara cartas, las dividía en dos partes. Por un lado, mi solicitud y por el otro las del grupo. Swami pasaba, sonreía, tomaba las ajenas, dejaba la mía y seguía. Resolví que haría como los estudiantes. Ellos perseveraban, yo también. Se la ofrecí muchas veces, tanto que ya se veía arrugada y vieja pero... No tenía intención de darme por vencida.
En el ínterin, siguiendo los consejos de personas más versadas que yo en el tema (entre ellas, mi dulce y generosa hermana en Sai Chandrika), fui buscando los elementos que consideraba apropiados para armar un altar. Ignoraba todo al respecto ya que jamás había tenido uno.
Empecé a buscar aspectos de Dios con los que me sintiera identificada. Primero, un Sathya Sai... No había nada que representara cabalmente mi imagen de Él hasta que encontré un grabado en relieve. ¡Ese sí, ese podía ser! Luego rescaté, rebuscando en todos los locales y chiringuitos del pueblo, en los alrededores del Ashram, un pequeño Shirdi Sai. Después una hermosa Señora Lakshmi. Buscaba una imagen de Jesús que me gustara, ya no sabía donde más hurgar cuando, alguien, me regaló una pequeña cruz. Créanme, eso era mejor que otras figuritas (muy feas y toscas) que había ido encontrando en mi búsqueda. Lo último que agregué fue una pequeña representación de Krishna Nataraja que conseguí durante una escapada a Bangalore y una figurita luminiscente de la Virgen María que me regaló Nadia, una mujercita griega, gravemente enferma, con la que compartimos habitación en varias oportunidades.
Compré una bandeja de acero. ¿La verdad? No muy grande. Acomodé todas mis imágenes en ella y agregué: Medallas, Malas, pañuelos, algunos paquetes de Vibuthi, fotos de Swami y calendarios, pequeños bowls con arroz amarillo, clavos de olor, castañas de cajú, almendras y el Lingham que me había entregado anteriormente. Cuando consideré que todo estaba como lo esperaba, correcto y prolijo, una tarde me fui al Darshan abrazada a ella.
Lo juro... ¡Esa bandeja parecía un almacén de ramos generales!
Fernanda estaba conmigo y, como yo aún creía (¡Bah...! ¡Estaba segura!) que no hablaba bien inglés, le rogaba que la presentara por mí, mientras le daba instrucciones:
- Por favor, si Swami pasa cerca, te incorporás un poco y Se la ofrecés, aclarando: Es la Puja de mi madre.
Sabía por experiencia y con certeza, que yo no iba a poder levantarme rápidamente, por mi tamaño y falta de agilidad.
Cuando empezó el Darshan. Estábamos sentadas en la segunda línea y al ver que Swami se acercaba le pasé a Fer la bandeja, a toda velocidad. Ella empezó, obedientemente, a cumplir con mi pedido, pero Él no la dejó hablar mucho, Le preguntó cuántos éramos e, inmediatamente, le dijo:
- ¡Go!
¡Esa era la palabra más corta y más feliz del mundo!
Salimos disparadas hacia la Veranda, mientras hacíamos señas con el pañuelo para avisar a nuestro grupo. En circunstancias como esa, creo que podía llegar a ganarle una carrera al viento y mientras lo hacía, todas las cosas en mi bandeja tintineaban como campanas.
Swami nos invitó a pasar e, inmediatamente que nos ubicamos, dejó sobre una mesita, al costado del sillón, las cartas que había ido recibiendo, se sentó en Su sillón y me dice.
- ¿Déjame ver?
Tomó la bandeja, la puso sobre Su regazo, levantó a la pequeña Lakshmi entre Sus dedos, mientras le cantaba una canción (¿Un Mantra?). Cuando terminó, la acomodó otra vez sobre la bandeja, me devolvió todo y dijo, sonriente:
- I’ts OK. (Está bien)
Aún hoy en día no entiendo porqué no le pregunté qué era lo que le había cantado a la Señora. Ella representa uno de los aspectos femeninos de la Divinidad y es la que favorece la fortuna espiritual, emocional y física. No es para justificarme pero... En términos generales, durante las entrevistas, me pasaba que mi mente quedaba en blanco. Como “reseteada”, para usar un término muy actual.
Lo contemplaba embelesada, cuando veo que Se inclina un poco para mirarme mejor y, señalando mi mano dice, casi cansado:
- ¡Dámela!
Esto me desconcertó, de repente me di cuenta que se refería al famoso pedido, me estaba pidiendo la carta que había llevado y traído por tanto tiempo y que yo, sin darme cuenta, seguía aferrando en mi mano. ¡Oh! ¿Me daba permiso, entonces?
Ese día, también formaba parte del grupo una señora acompañada por un muchacho joven, su hijo. Habían llegado una semana antes y ya habían tenido una entrevista. A ella, Baba le había materializado un pequeño Lingham negro. La mujer, muy emocionada, había comprado una elegante petaca de plata para guardarlo y la llevaba colgando del cuello.
Swami la miró intrigado y le pregunta:
- ¿Qué es eso?
Ella, feliz, mostró que era donde guardaba Su regalo.
- ¿Y cuánto te costó?
Ella respondió con un importe y Baba, sacudiendo la cabeza de un lado a otro, le dice:
- Dinero malgastado... Él le sugirió un precio adecuado, asegurándole:
- ¡No más que eso!
Desde un primer momento ella había dicho que no le gustaba el color negro de su Lingham, por lo que aprovechó la circunstancia, y le pidió que se lo cambiara.
Siempre pensé que había necesitado mucho coraje para hacer ese pedido.
Baba lo tomó en Su mano, mientras ella murmuraba un poco asustada:
- No me lo vas a quitar... ¿Verdad?
Swami comenzó a amasarlo entre Sus dedos, lo sopló y... (Con total honestidad, debo aclarar que no todos vimos lo mismo, y solo puedo hablar por mí). Yo vi, como si una ola fuera subiendo ondulante por el viejo Lingham hasta cambiarlo de color, completamente. Luego de mostrárselo a todos, señalando un punto con Su dedo le indicó a ella:
- Ves ese de ahí, es Ishwara. (se veía como un ojo, en las vetas de la piedra marmórea)
¡Guau...! Desde ese momento fue una entrevista muy intensa.
Swami y dos personas más mantuvieron un apasionado intercambio (en inglés) sobre la Maya y la Realidad. Swami les aseguraba qué:
- ¡Todo es Maya! ¡Todo es Maya!
El ambiente se cargó con una energía intensísima, casi eléctrica y en ese momento, con mucha, mucha fuerza, empezó a hacer girar Su mano como si fuera un látigo, rápidamente nos mostró un nuevo Lingham negro. Lo puso sobre el pote de arroz amarillo de mi bandeja.
- ¿Será para que lo puedan ver bien (pensé), por el contraste de color? Me indicó que lo mostrara y eso hice... Seguía con los dos Linghams en mi bandeja, cuando de repente, empezó a repartir sobrecitos con Vibuthi, y todos sabíamos que era el preámbulo de la despedida, Se dirigió a la puerta y nos invitó a salir.
Iba tan emocionada... Me llevaba mi nuevo regalo... ¡Y esta vez, si era para compartir!
Y así lo he venido haciendo, por años.

Significado de: 
Puja o adoración hindú a los Dioses:
El ritual hindú más conocido de adoración a los Dioses se conoce como puja (se pronuncia “puya”) , y se realiza tanto en la intimidad del hogar como en celebraciones masivas que congregan a millones de personas.
Todo el mundo puede hacer una puja. Se trata de dedicar un momento de recogimiento y agradecimiento a los Dioses, en el que se colocan ofrendas ante el altar. (Wikipedia)
Maya: 
En varias religiones hindúes aparecen diferentes significados para Maya (se pronuncia: Maia). Aun así el significado parece centrarse en el concepto de “Ilusión”. Maya es la deidad principal que manifiesta, perpetúa y gobierna la “ilusión” y el sueño de la dualidad en el universo de los fenómenos. Para algunos místicos esta manifestación es real. Cada persona u objeto físico, desde la perspectiva de la eternidad, es como una breve y perturbada gota de agua en un océano sin límites. La meta de la autorrealización espiritual es entender esto, sentir intuitivamente la diferencia entre el yo y el universo como una falsa dicotomía; puesto que la idea de que la conciencia y la materia física, o la mente y el cuerpo son cosas diferentes, es el resultado de una no – iluminada perspectiva. (Wikipedia)