martes, 30 de enero de 2018

 - Rendida a sus pies - 4  - 

Ahora, quisiera incluir algunos detalles sobre mi hija Fernanda Raiti, hermoso regalo de Dios, bella por dentro y por fuera, bien pensante, coherente, amorosa y fiel servidora de Swami. Parecen comentarios propios de una madre, es verdad. ¿Exagerados, quizás? No, los que la conocen saben que ella es así y soy objetiva al describirla.
Entre las cosas que pasaron mientras iniciaba mi camino hacia la devoción del Señor Sai, sucedió que un día las calles céntricas amanecieron cubiertas de afiches. Habían viajado a Bariloche (desde Buenos Aires y Córdoba), devotos de la “primera hora” y se preparaban para dar una charla en la Biblioteca ubicada en el Centro Cívico del pueblo. Ahora, si bien yo trabajaba a solo 4 cuadras de distancia no podía asistir, justamente, porque era durante mi horario de trabajo. Convencí a mi adolescente hija de solo 14 años que asistiera por mí, estaba conminada a prestar mucha atención,  escuchar bien y volver donde yo estaba para contarme todo, con lujo de detalles y, si repartían sobrecitos de papel, que los recibiera (daba por sentado que compartirían Vibhuti). Ella, un poco a regañadientes, fue. Volvió bastante sorprendida, con un par de sobrecitos armados de manera artesanal sobre hojas de cuaderno donde algunos devotos escriben Mantras o Bendiciones mientras oran a Dios. Es un ejercicio de meditación consciente (acota B., mi muy amada hermana Sai, que a esta práctica se le llama: Lalita Japa). Cuando el cuadernillo está completo, algunos arrancan las hojas, las cortan en cuadrados, las doblan (con mucha habilidad) mientras otros los llenan de Vibhuti, que reparten (siempre gratuitamente), entre los interesados. Guardé feliz ese regalo e iba tomando pequeñas porciones, a diario.
Fernanda María, mi niña amada, debe haber hechos méritos durante muchas encarnaciones porque se sintió inmediatamente atraída hacia El Señor, hacia Su vida y Sus milagros y desde tan jovencita, me acompañaba con alegría a las reuniones que empezaban a realizarse en el incipiente Centro Sai de la calle Elflein.
A mis otros dos hijos los invité a participar un par de veces pero, no les atraía lo devocional. Eso no me preocupaba, los observaba y eran buenas personas. Sabía que no necesitaban dirigirse a Swami por Su nombre para creer en Él y servirlo a su manera. Estoy muy agradecida de haber podido compartir la vida con los tres y ahora, con sus familias, sinceramente. ¡Gente hermosa!
Fernanda es con quien compartimos, desde el primer día, la devoción por Sai Baba. Siempre le agradezco a Dios por ella. Es un Alma luminosa, una auténtica buscadora espiritual, coherente de pensamiento, palabra y acción, totalmente entregada a su Sankalpa (En sánscrito significa: Una concepción, idea o noción formada en el corazón o la mente, un voto solemne o determinación para llevar algo a cabo. En términos prácticos se le conoce como la capacidad para aprovechar la fuerza de voluntad y la herramienta para enfocar y armonizar el aparato de cuerpo-mente). Ella es inteligente, estudiosa, rebosante de Amor y tiene una serena aceptación de Su Divina Voluntad.
Si bien esta descripción parece exagerada, no lo es y (para mi suerte), he ido conociendo  en este camino, muchas personas similares. Todas ellas tienen estilos personales, quizás diferentes maneras de transitar lo devocional, pero todas lo van logrando y admiro tanto eso…
Las guía el Amor por Dios y ese es un camino que no tiene fallas.
Entre tanta gente hay algunos que se dedican a la oración y Mantras, otros a componer y entonar canciones, otros al servicio inegoista al prójimo. Por ejemplo, alimentar y asistir a los desamparados, o cuidar niños o asistir ancianos y quiero resaltar acá, un trabajo bastante anónimo pero importantísimo, sobre todo, para las generaciones futuras. Algunos de estos servicios consiste en traducir y recopilar La Palabra de Swami, con tanto rigor, dedicación y devoción que no quede margen para la duda. ES así. Hoy quizás no dimensionamos, realmente, la importancia que tiene haber trasladado y guardado lo que Swami dijo en su momento, de manera correcta sin interpretaciones aproximadas, más o menos caprichosas o al azar y sin embargo, será trascendental para nuestros descendientes.
Es muy hermoso ver cómo, todos ellos, de forma casi imperceptible pero constante, van alcanzando la meta ¡El Contento de Dios!
Volviendo al sobre con ceniza sagrada, veía con desasosiego que se iba acabando y al llegar la noche, cuando usé el último gramo, en el momento de oración antes de dormirme pensé:
-         Por favor, Swami, haceme llegar más Vibhuti, que este se acabó.
Durante muchos meses sucedía qué, cuando me acostaba, me resultaba difícil dormirme pues lo hacía con la cabeza “hirviendo” de preguntas y dudas, vacilaciones y más preguntas y más dudas, y más preguntas…
Esa noche no fue la excepción pero cuando al fin logré conciliar el sueño, empecé a soñar con Swami.
Estábamos en algún lugar al aire libre, era un patio amplio y al fondo un edificio de paredes blancas. Alcanzaba a ver una escalera de baldosas rojizas con un barandal de hierro verde, y arriba en el rellano del primer piso algunas macetas llenas de plantas y flores. Sai Baba estaba sentado en una silla frente a mí, vistiendo una túnica naranja. Me miraba con tanta ternura y una chispa de picardía… Yo le hacía preguntas, y Él las respondía, más preguntas y más respuestas y así fue pasando toda, toda la noche… Larga, muy larga noche. Cuando desperté, bastante cansada pero muy feliz, me di cuenta de que no me quedaban dudas ni interrogantes, aun esforzándome, desde entonces, nunca volví a “preguntarme” nada, sinceramente. Trato de pensar pero, no se me ocurren dudas o planteos pues, creo firmemente, que todas las respuestas necesarias para mí, me fueron regaladas durante mi sueño, esa feliz noche.
Me fui a trabajar.
Ocupada con mis obligaciones no me di cuenta cuando un hombre joven, de tímida sonrisa, entró en el negocio. Preguntaba por Tito o por mí. Era la primera vez que Carlitos venía al videoclub y, él mismo me recordó hace poco que cuando se presentó, le dije:
 "Estaba segura que vendría alguien de Sai Baba, porque se me estaba
acabando el Vibhuti....".


¡Sin darme cuenta, de a poco, aprendía a confiar y fluir en Su voluntad!






No hay comentarios:

Publicar un comentario