martes, 27 de febrero de 2018

- Rendida a Sus pies - 21 -

Corrían los últimos días del mes de marzo del año 2000. El siglo XXI y el Otoño, recién inaugurados.
Con Sofía Melo nos dirigíamos en auto hacia San Martín de los Andes, en lo que sería nuestro último viaje como integrantes del comité coordinador de la Organización Sai de Argentina. Nos habíamos comprometido a trabajar en la región Sur Oeste y visitábamos los distintos Centros y Grupos diseminados por la vasta Patagonia. De pasada, aprovechábamos la oportunidad para despedirnos y agradecer a todos los hermanos por el tiempo compartido, trabajando con auténtica vocación de servicio para la organización que lleva Su sagrado nombre. Nuestro mandato había terminado.
Queríamos llegar antes del anochecer, por eso nos apurábamos un poco en el trayecto por la estepa patagónica. Pocos kilómetros después de cruzar el puente sobre el río Collón Cura, nos llamó la atención ver que el mismo, en su zigzaguear, formaba una perfecta 'S' (…de Sathya Sai, pensé). Pese a la urgencia por llegar, acordamos frenar. Busqué la cámara fotográfica, no eran tiempos de tecnología digital, la cámara era de rollo y siempre la llevaba conmigo. Hice tres o cuatro tomas. Fue raro ya que, en un par de tomas, la cámara pareció fallar. Insistí sin entender que pasaba y, finalmente, sola volvió a funcionar correctamente. Me gustaba mucho el paisaje (Incomparable paisaje de Otoño que pinta de rojos, amarillos y ocres toda la vegetación), pero sobre todo, me encantó ver las nubes en el cielo repitiendo el dibujo del río, copiando su forma.
Llegamos a destino al anochecer, sanas y salvas. Nuestra jornada de servicio transcurrió serena y amorosamente. Nos concentramos en el trabajo, compartiendo las experiencias de los hermanos del lugar. Nos cuidaron, nos mimaron, nos dieron de comer y nos alojaron por esa noche. Al día siguiente regresamos a Bariloche cansadas, pero felices.
Algunos días después llevé el rollo a revelar.
No creo que puedan imaginar mi sorpresa, cuando vi las imágenes logradas.
El empleado del laboratorio fotográfico, que me conocía, me recibió diciendo:
- ¡Maravillosa la foto del rayo!  
Y yo muy sorprendida: 
- ¿Qué rayo…?
- ¡El rayo de luz sobre el río! – contestó él, un poco desconcertado. Rápidamente, abrí el sobre y al instante mis ojos se llenaron de lágrimas. 
Lágrimas de Emoción, de Amor, de Alegría, de Agradecimiento...
En una foto (con seguridad, aquellas tomas donde la cámara falló), las nubes en el cielo dibujaban un OM. En la otra, donde se ve la S de Sai resaltada con más claridad, la S de Swami, sobre ella digo, y con intensidad: "Un grueso rayo de luz iluminaba la inicial de Su nombre…"
Las dos sabíamos que no era la imagen que vimos cuando saqué la foto y hasta el día de hoy, me emociona pensar que eso fue un muy bello y milagroso regalo de 'despedida' de nuestro Bienamado Maestro.
Inmensa recompensa para la humilde tarea cumplida (eso sí), con amor, fidelidad y entrega.
Es mi alegría, hoy, dejar aquí una copia de la foto, para que todos podamos compartir otra manifestación de Su inmenso Amor.
Disfrutémosla en unión y paz.

JEY SAI RAM

Que todos los seres de todos los mundos seamos eternamente felices.

Silvia Corvalán

Argentina




1 comentario:

  1. Que conmovedor tu relato querida Pakora!!! Que extraordinaria belleza la de tus fotos con Su amor manifiesto hacia Su devota...! Gracias por compartirlo.

    ResponderEliminar